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Independecia de Centroamérica

Independecia de Centroamérica

EL 14 DE SEPTIEMBRE DE 1821, ese pequeño Reino o Capitanía General de Guatemala también como el resto de Hispanoamérica, llegó a su independencia. Después de luchar mucho por ella, fue posible que don Gabino Gaínza, Capitán General del Reino, convocara a una reunión en la que estuvieron invitados tanto los españoles que ocupaban los puestos más importantes, como los criollos o sean los españoles nacidos en Hispanoamérica, que desempeñaban puestos menos importantes. Era la única vez que esto sucedía en 300 años de conquista.

Fue tal la felicidad de los españoles nacidos en Hispanoamérica, que sus líderes más importantes: don Pedro Molina y don José Barrundia, la noche del 14 de septiembre de 1821, fueron de casa en casa a invitar a los más conocidos partidarios de la independencia. También dona María Dolores Bedoya de Molina, esposa de don Pedro y su amigo don Basilio Porras, esa misma noche, posiblemente lluviosa y de tormenta, hicieron su labor, invitando a muchas personas más que no desempeñaban cargos en la administración del Reino de Guatemala. Los dos, doña Dolores y don Basilio no olvidaron tener listas para el día siguiente música y bombas de mecate con el fin de entusiasmar a la gente.

EL 15 DE SEPTIEMBRE DE 1821

Al día siguiente, 15 de septiembre de 1821, los invitados fueron puntuales a la cita. Imagínense la felicidad de los españoles nacidos en Hispanoamérica, nunca habían podido discutir asuntos tan importantes con las autoridades españolas.

La reunión empezó; don José Cecilio del Valle se dirigió a la concurrencia diciéndoles que ellos tenían derecho a obtener su libertad, pero que él suponía que era mejor, antes de tomar decisiones, consultar a las demás provincias que formaban el Reino de Guatemala: El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

La respuesta fue inmediata, el cura don José María Castillo se levantó y enérgicamente pidió la emancipación del Reino de Guatemala, insistiendo en que la voluntad de los que luchaban por la Independencia, era la única que debía respetarse en aquella reunión. Gaínza que atentamente escuchaba la discusión dijo: estoy de acuerdo con la independencia, pero con la condición que si este Reino se separa de España, se una a México.

En las afueras del Palacio en el que estaban reunidos los que discutían, había poca gente. Entonces doña María Dolores y don Basilio dieron orden de que empezaran a reventar bombas y a la vez los músicos iniciaron la ejecución de algunas marchas, en tanto que la gente reunida exclamaba: ¡Viva la independencia!

Tanta algarabía enardeció a los que estaban luchando porque la emancipación del Reino de Guatemala se convirtiera en realidad. En tanto, los que no estaban de acuerdo con la libertad del Reino, al escuchar los vivas, la música y el ruido de las bombas que estallaban, se dieron cuenta de que era tontería oponerse a la independencia que contaba con tanto apoyo popular. A don Gabino se le dijo que conservaría su puesto si aceptaba la independencia.

Agotadas las discusiones se hizo la votación, que ganaron los independientes. Se juró la independencia, la sala quedó casi vacia; sólo permanecieron en ella las pocas personas encargadas de darle forma al documento que, redactado por don José Cecilio del Valle, se convirtió en “El Acta de la Independencia de Centroamérica”.