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La madre como maestra

La madre como maestra

¿Tienen las madres voluntad de educadoras con respecto a sus hijos? Parece que si. Veamos la conducta de la madre y de su hijo.

Cuando la madre da a luz a un bebé lo contempla con cariño, olvidándose de los dolores del parto. Después le cubre las necesidades básicas de darle de comer y vestirlo. A partir de aquí la madre empieza a ser maestra.


En primer lugar le estimula la observación de los objetos: le hace seguir con la mirada las cosas que le presenta. De esta forma el pequeño aprende a observar las luces, los colores y las formas.

En segundo lugar utiliza la madre el resorte de la imitación. Le estimula a que repita las primeras palabras, que suelen ser papá y mamá. El niño también aprende a imitar los gestos de los que le rodean.

Así pues, la madre ha utilizado los dos primeros resortes de educación: la observación y la imitación.

Más tarde, el niño aprende a reaccionar de forma creativa para satisfacer sus necesidades o sus deseos: llora o gesticula para dar a entender que tiene hambre, sed, sueño, sus deseos u otra necesidad. La madre comprende perfectamente el lenguaje verbal o gestual del niño y actúa como educadora cuando satisface o no las peticiones del hijo. En este caso el chico ha desarrollado conductas creativas para entrar en comunicación con el entorno.

Podemos decir que la observación, la imitación y la expresión creativa son tres actividades de aprendizaje en las que se manifiesta la vida humana. Dicho de otra forma, la vida del hombre cuando empieza a aprender es específicamente humana. El pedagogo Manjón decía que “la vida es eso, la educación para saber vivir y saber morir” (Manjón, 1946, Obras selectas, 323).

Al terminar el primer año de vida, el chico ya ha adquirido las primeras manifestaciones del lenguaje y tiene capacidad de comunicarse con los demás. La capacidad creativa del ser humano y la adquisición del lenguaje son las dos notas claramente distintivas entre el hombre y el animal. El hombre es capaz de inventar, de ser creativo en el arte, en la ciencia, en la tecnología, etc. y desarrollar un lenguaje con el que manifestar la gran variedad de pensamientos y sentimientos que bullen dentro de sí. En esto nos distinguimos los hombres de los animales.

La madre seguirá pensando en el hijo durante toda su vida para ayudarle a formarse como hombre, como profesional y como ciudadano. A partir del aprendizaje familiar, actúa la educación sistematizada de la escuela infantil, primaria, secundaria y quizás de la universitaria. También en este caso los padres colaboran con los profesores y tutores del colegio para culminar la formación de sus hijos.

Tomado de http://apli.wordpress.com/2009/05/14/la-madre-como-maestra/

Arturo Ramo